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lunes, septiembre 25, 2017

PABLO UND DESTRUKTION / Tónal 2017



Imaginen un mundo en que los músicos de rock no aspirasen al estrellato sino a conectar profundamente con sus oyentes y espectadores. Imaginen también un mundo en que el rock estuviese considerado, como la escultura o la poesía, una de las bellas artes. Suena bien, ¿no?
Pablo Und Destruktion cree firmemente que ese mundo es posible. O al menos actúa como si así fuera. 

“Predación” es la conexión alimentaria entre dos organismos de diferentes especies que beneficia a una de ellas (el predador) en detrimento de la otra (la presa). “Predación” es también el título escogido por Pablo Und Destruktion para su nuevo álbum, producido por Paco Loco, y editado por Sonido Muchacho. Un cuarto disco en el que el asturiano pone punto y final a una etapa y que supone su su particular epifanía místico-sentimental al tiempo que le corona definitivamente como nuestro cronista más honesto y aguerrido.
 
Con la tragedia familiar como telón de fondo, la lírica de “Predación” constituye un espectacular relato sobre los grandes temas del ser humano: los afectos, los miedos, las creencias, las inquietudes espirituales, el cuerpo, la mente, la creación…  Desde el arrebatador comienzo (“Preludio Corintio”), donde utiliza el conocido pasaje bíblico de la Carta de San Pablo a los Corintios hasta el detalle de “El éxtasis de Santa Teresa” de Bernini en portada; las referencias religiosas que se suceden a lo largo del disco no son baladí.

La pasión y entrega con la que el asturiano se consagra a su arte le ha llevado a sumergirse en textos religiosos y literatura mística que le sirven como metáfora perfecta para situar al oyente ante el eje central del disco: el amor. Un amor que comienza en lo más íntimo, sí, pero que consigue alcanzar lo universal o, si se quiere, lo sagrado que habita en cada uno de nosotros. 

A lo largo de estas nueve canciones, Pablo nos confronta con desgarradoras experiencias personales que encierran verdades profundas. Así ocurre en “Puro y ligero” (si esa repetición de “me arrepiento” no te llega al alma es porque no tienes) o la escalofriante “Un salario social”. Sin culpa no hay juicio y sin juicio no hay libertad. Más que ofrecer respuestas, “Predación” plantea preguntas. También a nivel estrictamente musical.

Para la ocasión, el autor ha reclutado a una banda totalmente renovada que incluye a miembros de The Cynics (Ángel Kaplan al bajo, Pibli a la batería, Alfonso Alfonso a la guitarra y Javier Bejarano con la gitarkua) y que acentúa su vertiente más rockera.

Un traje de rock turbulento y fuzzero en el que también participa de forma subyacente la política, entendida aquí como un todo o nada (desde el Estado Islámico hasta el Frente Nacional). Primero en “El Enemigo está dentro” y después en “Conquistarías Europa”; una sucesión de imágenes de gran violencia simbólica en el que la crisis de valores y la decadencia de occidente emergen como alegorías de la gran catarsis a la que estamos, inevitablemente, condenados. Una expiación personal y colectiva de la que sólo podremos redimirnos a través del amor. Ya sea el amor romántico (“el premio de los temerarios” según “Amor”), el amor a la tierra (“A la mar fui por naranjas” es una canción popular asturiana), el amor a los ancestros (“El mejor traje de seda”) o, por último, el amor a toda la humanidad (el canto fraternal de “Herejes”).

Por que al final, “Predación”, como antes “Winesburg” del autor estadounidense Sherwood Anderson o “Tandy” de la dramaturga Angélica Liddell, plantea básicamente una misma cuestión: ¿son Dios y el amor una misma cosa?

No sigan leyendo. Escuchen. La respuesta no está en esta nota de prensa.

Tomás Crespo – Mondo Sonoro




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